Comunidad de Cristo

La Historia

Principios de la Historia de la Iglesia

1. La exploración continua de nuestra historia es parte de la formación de identidad. Como iglesia siempre buscamos clarificar nuestra identidad, mensaje y misión. En nuestra historia de fe, vemos claramente al Espíritu de Dios dando a esta comunidad de fe las herramientas, perspicacias y experiencias para propósitos divinos. Un pueblo con una memoria consciente del pasado y un conocimiento informado de su significado, está mejor preparado para trazar su camino hacia el futuro.

2. La historia informa pero no dicta nuestra fe o creencias. El fundamento y fuente continua de nuestra fe es la revelación de Dios en Jesucristo. Estudiar la historia no es para probar o desmentir experiencias místicas, espirituales o reveladoras que hacen nacer o transformar movimientos religiosos. La historia bien fundada informa la fe y una fe sana conduce a un mejor entendimiento de la historia. La teología y fe, guiadas por el Espíritu Santo, deben jugar un papel importante en el descubrimiento del significado duradero de tales eventos, al igual que las verdades profundas encontradas en ellas. Nuestro entendimiento de nuestra historia afecta nuestra fe y creencias. Sin embargo, nuestro pasado no limita nuestra fe y creencias a lo que fueron históricamente.

3. La iglesia anima el estudio histórico honesto y responsable. El estudio de la historia involucra campos afines. Los historiadores usan la investigación académica para obtener el máximo de pruebas posibles; después, interpretan esos hechos para construir la imagen lo más clara posible de lo que ocurría en el pasado. Esto incluye analizar la cultura humana y cómo esta afectó los eventos. Los historiadores intentan comprender patrones de pensamiento, para interpretar lo que quiere decir el pasado para nuestro futuro. Este proceso debe evitar el “presentismo”, o interpretar el pasado basándose en una visión actual del mundo y en la presente cultura, en vez de basarse en la cultura de aquel tiempo.

4. El estudio de la historia de la iglesia es un viaje continuo. Si decimos que un solo libro en historia es el único que dice la verdadera historia, entonces caemos en el riesgo de “canonizar” una versión, una tendencia que hemos demostrado en el pasado. Esto bloquea los avances de la investigación continua. Una buena investigación histórica comprende que las conclusiones deben ser abiertas a correcciones, a tener nuevo entendimiento y que la información proviene de la investigación continua.

5. Ver la fidelidad y las fallas humanas en nuestra historia la hacen más creíble y realista, no menos. Nuestra historia tiene relatos de gran fe y valentía que nos inspiran. Nuestra historia también incluye líderes humanos quienes dijeron e hicieron cosas que pueden ser escandalosas para nosotros desde nuestra perspectiva y cultura actual. Los historiadores tratan de no juzgar – en cambio, tratan de comprender aprendiendo lo más posible sobre el contexto y significado de las palabras y acciones del tiempo. El resultado es empatía en vez de juicio. Nuestras escrituras son coherentes al señalar que Dios, por medio de la gracia, usa a personas imperfectas para el ministerio y el liderazgo necesitado.

6. El estudio responsable de la historia de la iglesia involucra aprendizaje, arrepentimiento y transformación. Una iglesia con una misión enfocada en promover comunidades de reconciliación, justicia y paz, debe ser auto-crítica y honesta acerca de su historia. Es importante para nosotros confesar cuando hemos sido menos de lo que el evangelio de Jesucristo nos ha llamado ser. Esta honestidad nos mueve al arrepentimiento y fortalece nuestra integridad. Admitir nuestros errores del pasado nos ayuda a evitar repetirlos y nos libera de las influencias del pasado, en cuanto a injusticias y violencia en nuestra historia. Debemos ser humildes y estar dispuestos a arrepentirnos, individualmente y como comunidad, para contribuir tan plenamente como sea posible a restaurar el Shalom de Dios en la tierra.

7. La iglesia tiene una larga tradición de no legislar o dictar posiciones en cuanto a temas sobre la historia de la iglesia. Los historiadores deben ser libres para llegar a sus propias conclusiones después de una minuciosa consideración de evidencias. Por medio del estudio cuidadoso y la guía del Espíritu Santo, la iglesia está aprendiendo como aceptar e interpretar responsablemente toda su historia. Esto incluye introducir nueva información y cambiar entendimientos a una perspectiva apropiada, mientras enfatizamos las partes de nuestra historia que continúan jugando un papel en conducción de la identidad y misión de la iglesia hoy.

8. Necesitamos crear una cultura respetuosa de diálogo sobre asuntos de historia. No debemos limitar nuestra historia de fe a una sola perspectiva. Diversos puntos de vista enriquecen nuestro entendimiento del movimiento de Dios en nuestra historia sagrada. Claro, los historiadores llegarán a diferentes conclusiones mientras estudian. Por lo tanto, es importante para nosotros crear y mantener una cultura respetuosa que permita diferentes puntos de vista sobre la historia. Nuestra conversación acerca de la historia debe ser cortés y enfocada en tratar de comprender el punto de vista de otros. Más importante, debemos mantenernos enfocados en lo que más importa para el mensaje y misión de la iglesia de este tiempo.

9. Nuestra fe está arraigada en la revelación de Dios en Jesucristo y en la guía continua del Espíritu Santo. Debemos mantener nuestros corazones y mentes centrados en la revelación de Dios en Jesucristo. Como la Palabra viva de Dios en la historia humana, Jesucristo ha sido y es el fundamento de nuestra fe y el enfoque de la misión y mensaje de la iglesia.