Comunidad de Cristo

La Historia

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Perspectivas de la Historia de la Iglesia

Por el Presidente Stephen M. Veazey 

El martillo usado por José Smith III para presidir du- rante las conferencias de la Reorganización, está sobre una mesa en mi oficina en el Templo. No soy su dueño, le pertenece a la iglesia.

Ocasionalmente, mientras reflexiono acerca de algunos temas delicados de la iglesia, voy y tomo el mar- tillo, examino respetuosamente su cabeza de marfil un poco agrietada y su mango bellamente tallado a mano. Al sostenerlo en mis manos siento que tengo una conexión tangible al pasado. De esta manera, mi mente viaja por el tiempo reflexionando en las personalidades, eventos y circunstancias que conformaron a la iglesia de hoy.

Aunque he leído muchos libros sobre la historia de la iglesia, siempre he querido saber más sobre mis antepasados religiosos y el contexto histórico en el cual expresaron su fe.

Mientras estaba más que casualmente informado sobre la historia de la iglesia, desde que soy presidente de la iglesia me he involucrado en un exhaustivo estudio sobre nuestra historia. He explorado libros y artículos de una gran variedad de eruditos, autores y publicado- res, desde los fieles a los escépticos y entre ambos. La verdad no tiene nada que temer del escrutinio.

Durante décadas recientes ha habido una creciente ola de información añadida cuando historiadores reli- giosos han ganado acceso a más material fuente y han escrito con incrementada franqueza sobre varios temas. También, en los últimos años, el centro de atención de los medios de comunicación – incluyendo varias series de televisión de alto perfil y campañas políticas – se han interesado en la historia de Los Santos de los Últimos Días.

A causa de mi exploración en varias obras creíbles y conversaciones profundas con historiadores, algunas de mis nociones previas han sido desafiadas y ajustadas frente al conocimiento adicional. El abordaje “apologé- tico” a la historia de la iglesia – presentando nuestra historia en una luz tan favorable como es posible – no es suficiente para el viaje por delante. Ese planteamiento no pone en evidencia la integridad que debe ser funda- mental a nuestro testimonio y ministerio.

Mientras he ajustado algunas de mis perspectivas personales, he encontrado principalmente una com- prensión más profunda de los muchos factores com- plejos e interrelacionados que han formado a la iglesia sobre los años. He llegado a ver más claramente como el Espíritu de Dios trabajó en las vidas de personas imperfectas, pero personas altamente dedicadas a for- mar un movimiento de fe, que continúa jugando un papel esencial en los propósitos revelados de Dios hoy. Como resultado, he ganado aún más confianza de que el mismo Espíritu que encaminó a la iglesia por los que parecían desafíos insalvables en el pasado, continuará guiándonos y sosteniéndonos en el futuro.

Conforme la Primera Presidencia se ha involucrado con otros en explorar temas que emergen del estudio de la historia de la Restauración, decidimos que es la ocasión de proveer una colección de “Principios de la Historia de la Iglesia” para ayudar a guiar las reflexio- nes y discusiones de la iglesia. Estos principios han sido extraídos de las introspecciones de líderes anteriores y presentes de la Iglesia Mundial, historiadores de la iglesia, teólogos y otros. Esperamos que estas declara- ciones sean útiles a la iglesia al continuar explorando las personalidades, eventos y significados de nuestra histo- ria colorida e inspiradora.

Principios de la Historia de la Iglesia

1. La exploración continua de nuestra historia es parte de la formación de identidad. Como iglesia siempre buscamos clarificar nuestra identidad, mensaje y misión. En nuestra historia de fe, vemos claramente al Espíritu de Dios dando a esta comunidad de fe las herramientas, perspicacias y experiencias para propósitos divinos. Un pueblo con una memoria consciente del pasado y un conocimiento informado de su significado, está mejor preparado para trazar su camino hacia el futuro.

2. La historia informa pero no dicta nuestra fe o creencias. El fundamento y fuente continua de nuestra fe es la revelación de Dios en Jesucristo. Estudiar la historia no es para probar o desmentir experiencias místicas, espirituales o reveladoras que hacen nacer o transformar movimientos religiosos. La historia bien fundada informa la fe y una fe sana conduce a un mejor entendimiento de la historia. La teología y fe, guiadas por el Espíritu Santo, deben jugar un papel importante en el descubrimiento del significado duradero de tales eventos, al igual que las verdades profundas encontradas en ellas. Nuestro entendimiento de nuestra historia afecta nuestra fe y creencias. Sin embargo, nuestro pasado no limita nuestra fe y creencias a lo que fueron históricamente.

3. La iglesia anima el estudio histórico honesto y responsable. El estudio de la historia involucra campos afines. Los historiadores usan la investigación académica para obtener el máximo de pruebas posibles; después, interpretan esos hechos para construir la imagen lo más clara posible de lo que ocurría en el pasado. Esto incluye analizar la cultura humana y cómo esta afectó los eventos. Los historiadores intentan comprender patrones de pensamiento, para interpretar lo que quiere decir el pasado para nuestro futuro. Este proceso debe evitar el “presentismo”, o interpretar el pasado basándose en una visión actual del mundo y en la presente cultura, en vez de basarse en la cultura de aquel tiempo.

4. El estudio de la historia de la iglesia es un viaje continuo. Si decimos que un solo libro en historia es el único que dice la verdadera historia, entonces caemos en el riesgo de “canonizar” una versión, una tendencia que hemos demostrado en el pasado. Esto bloquea los avances de la investigación continua. Una buena investigación histórica comprende que las conclusiones deben ser abiertas a correcciones, a tener nuevo entendimiento y que la información proviene de la investigación continua.

5. Ver la fidelidad y las fallas humanas en nuestra historia la hacen más creíble y realista, no menos. Nuestra historia tiene relatos de gran fe y valentía que nos inspiran. Nuestra historia también incluye líderes humanos quienes dijeron e hicieron cosas que pueden ser escandalosas para nosotros desde nuestra perspectiva y cultura actual. Los historiadores tratan de no juzgar – en cambio, tratan de comprender aprendiendo lo más posible sobre el contexto y significado de las palabras y acciones del tiempo. El resultado es empatía en vez de juicio. Nuestras escrituras son coherentes al señalar que Dios, por medio de la gracia, usa a personas imperfectas para el ministerio y el liderazgo necesitado.

6. El estudio responsable de la historia de la iglesia involucra aprendizaje, arrepentimiento y transformación. Una iglesia con una misión enfocada en promover comunidades de reconciliación, justicia y paz, debe ser auto-crítica y honesta acerca de su historia. Es importante para nosotros confesar cuando hemos sido menos de lo que el evangelio de Jesucristo nos ha llamado ser. Esta honestidad nos mueve al arrepentimiento y fortalece nuestra integridad. Admitir nuestros errores del pasado nos ayuda a evitar repetirlos y nos libera de las influencias del pasado, en cuanto a injusticias y violencia en nuestra historia. Debemos ser humildes y estar dispuestos a arrepentirnos, individualmente y como comunidad, para contribuir tan plenamente como sea posible a restaurar el Shalom de Dios en la tierra.

7. La iglesia tiene una larga tradición de no legislar o dictar posiciones en cuanto a temas sobre la historia de la iglesia. Los historiadores deben ser libres para llegar a sus propias conclusiones después de una minuciosa consideración de evidencias. Por medio del estudio cuidadoso y la guía del Espíritu Santo, la iglesia está aprendiendo como aceptar e interpretar responsablemente toda su historia. Esto incluye introducir nueva información y cambiar entendimientos a una perspectiva apropiada, mientras enfatizamos las partes de nuestra historia que continúan jugando un papel en conducción de la identidad y misión de la iglesia hoy.

8. Necesitamos crear una cultura respetuosa de diálogo sobre asuntos de historia. No debemos limitar nuestra historia de fe a una sola perspectiva. Diversos puntos de vista enriquecen nuestro entendimiento del movimiento de Dios en nuestra historia sagrada. Claro, los historiadores llegarán a diferentes conclusiones mientras estudian. Por lo tanto, es importante para nosotros crear y mantener una cultura respetuosa que permita diferentes puntos de vista sobre la historia. Nuestra conversación acerca de la historia debe ser cortés y enfocada en tratar de comprender el punto de vista de otros. Más importante, debemos mantenernos enfocados en lo que más importa para el mensaje y misión de la iglesia de este tiempo.

9. Nuestra fe está arraigada en la revelación de Dios en Jesucristo y en la guía continua del Espíritu Santo. Debemos mantener nuestros corazones y mentes centrados en la revelación de Dios en Jesucristo. Como la Palabra viva de Dios en la historia humana, Jesucristo ha sido y es el fundamento de nuestra fe y el enfoque de la misión y mensaje de la iglesia.